¿Cómo ejercitar el suelo pélvico sin cometer errores?

Los cinco errores más comunes al ejercitar el suelo pélvico

Son muchos los beneficios de ejercitar el suelo pélvico, siempre y cuando se realicen adecuadamente.

Prevenir la incontinencia urinaria, aumentar la fuerza y tono del útero y músculos vaginales, facilitar el parto, tratar la diástasis abdominal, mejorar el postparto, favorecer la vida sexual… Son muchos los beneficios de ejercitar el suelo pélvico, siempre y cuando se realicen adecuadamente. Pero no siempre es fácil aplicar la teoría.

Intimina, compañía que ofrece la primera gama de productos dedicada a cuidar los aspectos de la salud íntima femenina, analiza los cinco errores más frecuentes a la hora de ejercitar el suelo pélvico y te ofrece algunos consejos para evitarlos.

1. Contraer los músculos incorrectos: el más habitual. Por estar situados en el interior de la pelvis, por desconocimiento o por desuso, el caso es que cuesta mucho identificar si el músculo se está contrayendo o no. Esto lleva a contraer los músculos vecinos, como los abdominales, glúteos, abductores o directamente a todos juntos. Para realizar correctamente los ejercicios de Kegel debes encontrar una postura cómoda que te permita aislar y contraer el suelo pélvico: apretar y elevar el ano, la uretra y la vagina, de forma que el resto del cuerpo permanezca relajado.

Son muchos los beneficios de ejercitar el suelo pélvico, siempre y cuando se realicen adecuadamente

2. No relajar. Es importante entrenar el suelo pélvico como lo harías con cualquier otro músculo, dándole tiempo para recuperarse y dejando espacio entre serie y serie, permitiendo que descanse y consiguiendo un mejor rendimiento.

3. Demasiado ejercicio… o demasiado poco; en el punto medio está la virtud. Es muy normal que, en un principio, los músculos se encuentren debilitados y suponga mucho esfuerzo contraerlos. Las repeticiones permitirán que la musculatura se acostumbre y se tonifique, siempre y cuando llevemos una rutina que debe ser constante y gradual, sin tampoco hacer esfuerzos extremos ni agotar la zona. Son necesarias unas 12 semanas para empezar a ver resultados, así que es importante tener paciencia y no perder de vista que lo más importante es hacer correctamente los ejercicios. ¡Con energía, pero sin pasarse!

4. Cambiar el patrón respiratorio. Es muy común no prestar atención a la coordinación de la respiración y es muy importante que esté conectada al ejercicio. La contracción tiene que estar siempre acompañada de la respiración: debes contraer a la vez que sueltas el aire, porque es cuando el diafragma se eleva y deja el espacio necesario para que los órganos internos de la pelvis se levanten.

5. Olvidarse de él cuando no lo estás ejercitando. No destruyas con malos hábitos todo el trabajo que has hecho en tus rutinas de ejercicios. Cuida especialmente tu postura para no cargar la zona y ten presente siempre tu pelvis, tanto en acciones cotidianas como si haces deporte de impacto.

Fuente: consalud.es

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